domingo, 20 de diciembre de 2009

8.03.06 (028) - Crystal Castles


Descuelgo el teléfono:
-Buenas tardes, ¿es ahí la Revolución?
-No
-Me lo temía. Estamos igual en todas partes.

La verdad es que en otro de mis bajones clásicos iba a escribir sobre el gato al agua y el gato mojado. Iba a metaforizar la mierda de siempre, la incapacidad y la frustración de estar sentado en una puta silla, pero al final he hecho lo más sensato y me he puesto una película, The Dreamers.

Lo que queda de la experiencia ahora es una hiperactividad que no sé cómo controlar. Si trazo un mapa esquemático mental en el que organizar todo lo que socialmente existe veo el gran núcleo del progreso y de la apatía. Me salen impulsos de soltar apocalípticas profecías contra el orden mundial. Hoy es un día de destruir todo lo que se desmorona y alzar un nuevo régimen para todas las cosas. Es un día sin moral.

Tengo sádicos impulsos ya no contra Dios (hace mucho que está muerto) sino contra lo que realmente es artificial en este mundo. Desde la Navidad, hasta el amor platónico. Desde luego acabaría quedándome con lo mejor de esas cosas: los dulces y los colores brillantes, pero al a vez tengo el impulso de cargarme algo y no dejar ni huella.

A veces se me olvida la realidad, y debería venir alguien con un tocho enorme de Nietsche a golpearme la cabeza. A ver si así lo leo o algo de una vez.

Un loco corre por la Calle Colón, desnudo de cadera para abajo, con una camisa de fuerza abrigándole en pecho y gritándole su Tourette al mundo a las 5 de la mañana. Y yo soy el que le envidia pero no es capaz ni de grabarlo para subirlo a Youtube.

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