Entradas

6.36 - El zaguán dónde te desnudé sin quitarte la ropa. Negro pelo



Tengo ratos libres entre mis temblores y la vergüenza que me enmudece. Aprovecho estos tiempos muertos para ser tu sombra y jugar con ella. Me gusta ser vientos de medianoche en sueños que no tienes, apropiarme de los que sí, y observar el movimiento de tu pelo desde el ángulo muerto de tu sombra. El mal ataca y desnuda desde esta oscuridad. De arriba, a abajo.
Es irresistible, al final acabo volviéndome tornado y tengo que usar mi mano para convertirlo en caos, adorable caos que tu guarida no ha echo más que incitarme a desear más y más. Por ello acabo viviendo en tu nuca y echándo casi mi nariz sobre ti.
Supongo que necesito ver más profundamente en ti, pero tengo un problema con los sentidos: 1. La mirada es fácil de derrotar: tus mirada de ojos oscuros me derrotan y derriten con dulzura incontestable. 2. El oído está emborrachado de tu voz, por lo cual está fuera de combate. 3. y 4. Tu 'tactura' y tu 'gustura' las desconozco, y las mías quedarían bizarras, aunque alguna escapada han tenido. 5. Y por ello solo queda la olida. Mi objetivo de ser ventisca (aunque preferiría ser almohada) no es más que la excusa para que me violes por la nariz. Preferiría que apestases: del shock no me podría olvidar. Por desgracia las cosas suceden al revés: Y lo agradable siempre se recuerda menos, con la excusa de que se supone que lo queremos repetir. Nuestro corazón debería de darle dos hostias a nuestra memoria. Y que luego Nothomb [*En metafísica de los tubos] no se queje.

Así pues, autodenominado sombra del viento, ejerzo mi empalagosidad con un descaro vergonzoso pero con en analgésico moral de que no te vas a molestar, espero. Gracias por dejarme ser viento y reirte. Pronto espero digievolucionar y volverme marioneta (y volverte a desnudar).

6.35 - Base enemiga lituana


með blóðnasir ( Me sangra la nariz )


Germinó un fin de semana de la nada. Me hallé de pronto, encaminado hacia el territorio de mi enemiga. Más allá de la plaza de los silbidos, de la puerta de la intriga, de las escaleras del anonimato, del rellano los sueños y las canciones.

Entré en un nuevo paraiso, el de los sueños comprimidos, el de la realidad del caos, el del placer de las buenas compras, y cientos de calificativos admirables. Hasta el aire acondicionado era artístico ("La belleza, si deja de ser subjetiva, pierde todo su valor" - Amíelie Nothomb en Atentado ). Lámparas flexo de serpientes en el techo, sofás del descanso, bicicletas de alambre, televisión del recreo, colecciones de interactividad, terrazas hacia los colores, pasillo hacia los sueños, caos ordenado, estanterías más alla de la conciencia sobre la sabiduría, cajas misteriosas, más caos, cocinas del hambre, terrazas de primavera y otoño, y sobre todo, una cueva de comics, más libros, postales, sueños, fragmentos, escaleras, literas, pianos eléctricos, cosas por el suelo, más postales, varitas mágicas, escenas griegas, colores, posters, anime y manga, más postales, oscuridad, suavidad, enchufes estratégicos. Solo quedaba el cuarto de la pintura, de la horchata con coca-cola y el járabe de tang.

6.11 - Luces ardientes. Rojo.



Somos los Habitantes del autobús. Vivimos entre los asientos y cocinamos contra sus ventanas. Nos duchamos con el aire acondicionado y nos ejercitamos con las barras. Saltamos y nos deslizamos entre ellas. Somos los inhabitantes sobre ruedas y vivimos en nuestro autobus rojo refrigerado. Somos el 72, el 81, el 70, el 10, el 1, el 2, el 4, el 62, el 90 y el 89.

Cuando llega la noche estamos presos por nuestras luces y somos mas grandes a la curiosidad exterior. Solo nuestras duchas calientes nos dan el vaho de la intimidad que no es muy recomendable en verano. Y así somos amantes públicos sobre las rodadas de la ciudad. Esquivamos aceras, peatones inconscientes, conductores estúpidos y zanjas y socavones cada vez más profundos.

Nos embriagamos de los intermitentes y los encanta frenar. Nos gusta deslizarlos con el pecho sobre el suelo desde la parte de atras hasta la puerta del conductor. Y ticamos los bonobuses con nuestros besos, le cantamos a la máquina nuestras baladas de amor en locomoción y hacemos la oscuridad en el rojo de los frenos ajenos, de los asientos propios y de los amaneceres nunca vistos, pues el bus siempre estará andando antes de que nos podamos despertar.

Nuestros dedos pegados a las bombillas cuya luz atraviesa los huesos y la piel.

5.72 - Holofonor

Holofonor :
Cuando se toca, se proyectan imágenes que varían según la destreza del músico. Así, si el músico es hábil en su manejo, se proyectan imágenes agradables y realistas, mientras que si no lo es, aparecen imágenes mal dibujadas o terroríficas.

Y al final la copisteria de al lado de la oficina, también a 4 céntimos, aunque con un poco menos de contraste, ha podido con todos los folios. De hecho ha impreso hasta el plástico blanco de la portada del paquete xD. Ahora ya sí tenemos todos los Oú & Quand. ¡¡Al fin!!

Hoy el mundo es naranja.
Mandarina, el gato Sherf, Daxter o relámpago naranja (sasasing), los muebles de madera aunque tiendan hacia el marrón, el botón de "publicar entrada" o el atardecer. Y el naranja puede valer por más optimista que el azul. Ya seguiré toqueteando los colores de la plantilla y editando su CSS a ver que puedo hacer.
Podemos extendernos al amarillo, al rojo, a mi azul y al verde universal. Guybrush Threpwood, Laverne, Hermione o Lisa Simpson. La contienda de la colorfobia.
Mundo de cítricos y fresa ácida. Mininapolitanas saladas del mercadona, coca-cola zero sin gas y no tanto sol.
El holofonor une lo sideral con los sueños y estos llevan a los colores. Y así es como voy viviendo ahora esta parte de este círculo. Empezó cyan oscuro y ahora es naranja.

5.64 - Los equilibristas de la cabra violinista y del viento que hace olas

collage

Nos llevamos con nosotros al asteroide B612.
Cargamos las pilas, claro, pronto hubo una colisión. ¿¿Qué no podemos traer nuestro propio papel?? ¡¡Qué clase de empresa es esta (abierta 24 horas), que cierra a mediodi y no permite que los clientes personalicen a su gusto su producto?? ¡¡Lo que pagamos es la tinta, no el papel!!). Por suerte existen los locutorios.

Volvimos de Pakistán y esta vez con pilas recargables y ecológicas con el medio ambiente. En realidad el ambiente estaba cambiado entero.
En Tarongers sudamos sueños y nos llenamos los dedos del pegamento del celo. Empastelados, pero para nada ñoños, comenzamos a propagar el mundo. Ya lo comentábamos, ¿se podía poner el cielo de color verde?

Lo bueno de las primeras partes es que son partes de algo. Apenas llegamos a Blasco Ibáñez, así que mañana vamos a conquistar el centro. Tenemos ordas de colores, y el celo aguanta mejor de lo que pensamos, así que vamos a emplearnos a fondo, sabiendo que tenemos toda una semana para recargar provisiones.

Llovieron 49 fragmentos, y mañana plantaremos más.

5.62 - Alzando la bandera

Un hombre de 21 años y una mujer que no existe se reunieron ayer en el mañana. Conquistaron el tiempo y declararon su independencia. Juntos y de la mano llevaban los colores por las aceras y dejaban gotas de sudor por el pavimento. El mundo era de lacasitos.

"Reinvindicamos un sueño", amenazaron a las autoridades locales. Nadie pudo detenerles, y empezaron la toma del Miguelete. Desde lo alto se proclamaron rey y reina y desperdigaron panfletos de propaganda onírica que nada puede hacer ante los duros, los sólidos, los rígidos y los hombres de hierro. Perdieron su batalla contra el viento y fueron desalojados por los antidisturbios y en defensa de nosequé leyes de dudoso caracter medioambiental.

Lejos de dejarse amedrentar, antes de pasado, o pasado anteayer, volvieron a la carga rodeados de 3 personas más, pero con la sombra de cuentos detrás, envolviendo las verticalidades de palabras y deslizandose por las horizontalidades del mundo hasta el subsuelo, convirtiendo todos los escalones en rampas, el calor en aire fresco y el oxígeno en esperanza.
Esta vez fueron los cláxones y el griterio quienes trataron de reducirles, pero sus auriculares encañonaron a los defensores del stress, de la paciencia, de la burocracia, del conformismo y de lo finito, y salieron victoriososde una batalla que nunca acaba por lo que la ciudad pronto dejó de tener nombre y las calles empezaron a tener apuntadores en las grietas para que los tímidos tengan hacia donde mirar y qué decir.

5.55 - Baile sideral. Azul.



Subí los escalones. Deberían ser casi dorados pero en la oscuridad se mezclaban el naranja, de cuando eran iluminados, y el azul de la oscuridad. Subia arreglándome el traje aunque debajo llevaba una camiseta pre-fabricada de las mias, esa en la que salía Laverne disfrazada de tentáculo rojiblanco, del Day of Tentacle :).

La luna aullaba y el viento arrastraba las ojas de los cerezos hasta la cima de la pirámide. Esperaba encontrar en su cima un volcán y varios puestos hawaiianos veniendo cocos, pero tansolo estabas tu espaldas mirando a la luna. Era un largo traje que te llegaba casi a los talones. No soy muy bueno describiendo ropa, pero ese vestido de noche me encantaba. No se ceñía demasiado a tu cintura pero destacaba tus caderas, y el viento lo movía con una dulzura adorable, tanto como la preciosidad con la que se ondularía cuando andases hacia mi con tus piernas. Tus hombros quedaban desnudos a sus estrechos tirantes, y estaba seguro de que se vería tu colgante gracias a su escote, recatado y delicado, no llegando a enseñar ni canalillo. Simplemente un traje elegante, precioso y romántico. Estabas preciosa, Zoe.

Te agarré por la cintura y nos asomamos al otro lado de la explanada final. Al otro lado eran las mismas escaleras que había subido, pero ahora para bajar. Los Dioses Aztecas amplificaron la musica del iPod que posé en el suelo para que nos proporcionase una mejor atmósfera, la que solo la música sabe dar.

Y así girabamos abrazados entre canciones melódicas. Me gustaba tu pelo oscuro volviéndose azul. Mis manos se volvían naranjas cuando pasaban cerca de la antorcha, única luz, junto a la luna, que allí había. Me gustaba tu mirada, a ratos perdida, a ratos en mi hombro, a ratos en mis ojos, a ratos en la luna, a ratos en mis labios, a ratos en mis manos, a ratos en mis brazos, a ratos en tu pelo, a ratos en el cielo, a ratos en las estrellas, a ratos en los cometas, a ratos en las gaviotas, a ratos en el suelo, a ratos en mi barbilla, a ratos ayudando a tus brazos a apretarme con mas fuerza contra ti en mi espalda.

Y nosotros éramos las cuerdas de los violines. El viento y la noche jugaban con nuestros cuerpos, con nuestra danza, ayudándonos a bailar con la oscuridad, la luna y las estrellas.

Sólo faltaba abrazarnos y dejarnos caer al suelo un rato para apreciar cada nota de la música y cada caricia del viento, esperando con nuestro calor al amanecer.