domingo, 25 de diciembre de 2011

9.01.11 - Objetos entre el crimen y el recuerdo [Doble Pletina - Deseos a la primera]

Doble Pletina - Deseos a la primera


Ya tenía colocado el zapatero junto a la estantería y procedía a poner la pantalla sobre él cuando me percaté de su presencia, o mejor dicho, de su inconveniencia. Tenía que irse de allí ya; porque me robaba el espacio que ahora necesitaba y en realidad era algo a lo que hacía años ya no le prestaba demasiada atención.

Como la ordenación de mi habitación es un asunto personal, tuve que encargarme yo mismo. Primero, lo agarré por la espalda y lo levante por el aire para que no pudiese agarrarse al mueble. Neutralizando su capacidad de resistencia podría secuestrarlo y llevarlo lejos de allí. Pero una vez lo tuve en mis manos ya no tenía muy claro cómo proceder. Lo podría haber quemado mientras me regodeaba al ver como ardían sus restos, pero sentía que toda esa violencia estaba bastante exagerada. Otra opción era abrir la ventana y lanzarlo a su suerte, pero como obviamente no soy capaz de crear cometas al precipitar mis recuerdos por la ventana no tenía sentido expulsar así un objeto que ni va a hacer cráter, ni va a romperse en mil pedazos contra el suelo. Tampoco se puede asfixiar, ni ahogar, ni en general matar porque las cosas que no están vivas tampoco están muertas hasta que no muere su poseedor: el que les da valor. Y si queremos ponernos emocionales podemos decir que son como los virus, que están entre los límites de la vida y la muerte para la ciencia pero a nosotros básicamente lo que nos importa es cuánto nos van a joder.

En realidad, como se haría con un cadáver, tenía una opción muy buena: envolver sus restos en interminables capas de papeles y plásticos. No es que huela ni se vaya a descomponer delatando mi crimen, pero ese desahogo asesino le venía muy bien. En realidad, me siento orgulloso de haberle dado un final como de película. Como si lo hubiese tirado atado a una roca gigante al mar, como si lo hubiese mandando por la borda o como si lo hubiese empujado desde un helicóptero al interior de un volcán.

Al final descansa junto a antiguos apuntes escolares en el fondo de un cajón, y cuando se haga la secuela se verá que sobrevivió al intento de asesinato. Porque en el fondo, yo, su enemigo, lo echaría de menos si supiese que he acabado con él. Así dentro de unos años volverá a haber un nuevo capítulo de la saga, una saga que no terminará hasta que me haga tan mayor que el objeto sea ya caduco y todo lo que con cariño se escribió en él algún día se termine de borrar.