domingo, 27 de octubre de 2013

9.01.15 - Rodillas [Triángulo de Amor Bizarro - Un Rayo De Sol]



Durante un concierto, o simplemente a raíz de un comentario en Facebook sobre la foto de un concierto, alguien llamó mi atención sobre las rodillas. Las rodillas de las chicas. Quieras que no, todas con coquetas y existen productos hasta para lugares tan insospechados como los talones de los pies. Insospechados, porque no me veo a mi mismo quedándome varios segundos embobado mirando unos talones. Podría entenderlo con los tobillos y hasta con los dedos de los pies. ¿Pero el talón? No le encuentro sentido.

De todas formas, los talones al menos están siempre metidos en sus zapatos y demasiado pegados al suelo como para poder fijarse en ellos; pero en pleno verano, una de las partes más feas de la anatomía humana se mantiene a la vista durante meses y meses. Las rodillas.

Las rodillas son tal vez la única parte del cuerpo que en los hombres es sin duda alguna mucho más bonita que en las mujeres. ¡Todas las rodillas de todas las mujeres son rodillas de vieja! Es piel arrugada, colocada en un mal lugar, en medio de generalmente unas generosamente voluptuosas piernas. ¿Por qué? ¡Al codo no le pasan esas cosas! Aún cuando una mujer tenga las piernas excepcionales, las rodillas nos recuerdan que no es oro todo lo que reluce. Las rodillas marcan ya cómo serán esas piernas dentro de 50 años, porque las rodillas se mantienen inalterables con el tiempo. No me extrañaría que la piel de las rodillas fuese la última en pudrirse en los cadáveres; resistiendo incluso más que el pelo. Porque las rodillas son feas incluso en los niños. Las rodillas no envejecen y no sufren el paso del tiempo.

¿Dónde están las cremas reafirmantes para las rodillas de las más coquetas?

A veces cuando alguna extraña me parece atractiva, si puedo, invoco a Satán sobre sus rodillas y al superponerlas sobre su rostro veo que todo lo tangible es caduco y lo excepcional es siempre temporal. El gusto es subjetivo y la atracción caduca. Las rodillas, no; y nunca mienten.

Cuando te diga algo tocándote las rodillas, sabrás que es de corazón. Aunque ya he dicho que las propias rodillas son más fieles que el corazón...