lunes, 21 de febrero de 2011

9.01.04 - Sportfuck [The Blanche Hudson Weekend - Grip of Fear]

The Blanche Hudson Weekend - Grip of fear

Ya no se conoce a nadie.

Cruzo la sala completa de un extremo a otro porque la he visto en la barra con pinta melancólica y la sensación de estar muy a gusto pero tambiéno perdida en el ambiente. Yo he optado por colocarme a un lateral, en las sombras, como en los viejos tiempos cuando no conocía a nadie en los conciertos. Ahora simplemente me ha dado una especie de melancolía por la soledad. Ella ha optado por la barra porque ahí puede reposar la cabeza y descansar. Yo lo que veo es que usa su pelo como mantel y he sentido unas ganas tremendas de tejerlo un poco con los dedos. Seguro que si se lo digo así dejará que lo haga tarde o temprano.

-Hola. -La saludo
-¿Uh? -Responde
-Cásate conmigo.
-¿¡Qué!?
-No tiene porque ser ahora. Podría ser dentro de unos siete años.

Sonrío, porque seguro que tampoco le importa mi petición. La verdad es que pensándolo bien si dentro de siete años me sigue soportando, acabo de tener una idea brillante. Si va a salir corriendo de todas formas, al menos vendamos ya los artificios que tantas ganas hay de comprar. Ella, pues duda; porque cuando un loco se enamora de tu cabello a veces puede ser que quiera prenderte fuego más por fuera que por el interior. Yo solo tengo una enclenque corazonada pero toda su piromanía está contenida en hacerla gritar en silencioso cuando aprenda lo bien que la puedo abrazar. A ese nivel soy un fondo de inversión que de tan bueno ella se solo pensará que voy a ser malo. Por suerte, como no me conoce, ignora la bondad con la que suelo hacer las cosas; así que se arriesga a que sea un hijo de puta y me dice que sí. Bendita sea la ignorancia.

Ahora supongo que tengo que besar a la novia. Como no entiende nada, se deja como nunca antes se me ha dejado; y luego sonríe apartándose los cabellos y pidiendo una bebida que de seguro no me gustará, de alcohólica amarga, pero que me brindará la ocasión de conocer sus labios por dentro con la falsa apertura que se provoca al beber. Ya cometo el primer gran error de la noche yéndome por las abruptas muecas que aún no ha hecho su rostro porque ni tan siquiera la han traído el vaso. Si me emparanoio pesando en unos labios que no conozco, ¡y que ya he besado!, caeré por segunda y seguro que última vez.

Como todavía tengo ventaja podré agarrar por la cintura y acompañar por los hombros a mi esposa conduciéndola más cerca del escenario cuando el grupo se digne a presentarse ante sus súbditos. Luego el ruido comienza, y según vamos gozando, con el paso de las canciones sé que se está cansando de que la apriete por la cintura tanto, de que la acaricie el brazo, de que tenga ganas de olerle su pelo (eso es algo que ni intento; ella puede percibir que quiero hacerlo y eso es al máximo que puedo llegar) y me nota nervioso porque ahora que ya casi me conozco todo su cuerpo en todas las formas disponibles a la vista necesito penetrar en su mirada para sentir que hace ya ¿una hora? cuando la besé, besé a una chica de verdad. Siente mi alegría, mi alborozo, mi compromiso con la belleza, mi adulación, y siente el pánico de las cosas buenas. Se siente superada, ya no por los centímetros que le saco si no por el tamaño del corazón que me cruje contra las costillas. Entra en pánico, soy demasiado bueno; no me la voy a tirar, voy a casarme (metafóricamente) con ella esa noche.

Ella no quiere eso. Quiere cualquier cosa en el mundo pero no eso. La da pena que no sepa cuando meter el rabo entre las piernas. Necesita emborracharse pero no tiene fuerzas ni para ir hasta la barra a por más alcohol. Se ve yéndose y me ve llorando. Ya ni se va a molestar en mirarme. Total ¿Para qué? Yo ya no siento nada al tenerla cerca, solo inseguridad: hasta la estática de su jersey me repele, su ropa me da calambre y su piel calamidad. Huye antes del bis; antes de que me de tiempo a quererla mucho.

domingo, 20 de febrero de 2011

9.01.03 - Pensar [Biquini - Mis problemas]

Biquini - Mis problemas


No me lo creo. No me creo que no tengáis las ansias llenas de vuestras nostálgicas manías y que para eso se fomente el uso del alcohol como drenaje para no imponerlas. Pero claro, disimuláis tan bien, lo hacéis tan bien, que luego los cobardes nos sentimos los raros cuando eso de pensar y repensar no es tan raro en realidad. ¡Yo creo que mentís! Alguien se inventó que lo opuesto de pensar es socializar, y la gente se cree hipócrita fomentando la incoherencia de estos falsos antónimos cuando yo lo veo un poco más al revés.

Mantén tu excentricidad. Llévate mal con todos los demás. ¡Y que vivan los marginados! Siempre son más guapas las chicas que están sentadas solas en un extremo de la barra que las que saltan como locas en el centro de la sala. Menos Fuck Yeah y más Fuck Off.

Bueno, joder, tampoco es plan de estar en plan borde. Solo tengo cierta envidia, cierto recelo, porque le sonríes más al mundo que a mi y no puedo evitar pensar que es mi culpa. Pienso que es mi culpa porque pienso más de lo que debería pensar. Y pienso que sin pensar pensarías más que pienso en ti más que en los demás. Pero ya pienso más en ti que en los demás. Eso no lo ves ni lo piensas tampoco.

Ahora que lo pienso, tal vez esté pensando de más cuando pienso que quieres que piense más en ti. Seguramente preferirías que dejase de pensar en general, eso que tú haces tan bien y yo tan mal.

Debería plantearme cambiar. Me lo tendré que pensar.

sábado, 12 de febrero de 2011

9.01.02 - Do you want to go away from here? [Asobi Seksu - Leave the drummer out there]

Asobi Seksu - Leave the drummer out there


Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel...

Cuando Françoise Truffaut o Jean-Paul Godard se colocan detras de la cámara, en el preciso momento en que se apagan las luces del cine, me succionan hacia dentro del filme que se empieza a proyectar. Supongo que esta sensación os resultará familiar: es lo que sucede siempre con el buen cine. Pero cuando el cuentacuentos es uno de ellos, os juro que no todo es igual...

Nada más atravesar el celuloide lo primero que me encharca los pulmones es una violenta sensación de regocijo y libertad. El efecto es muy parecido al de Vics Vaporub: sorprendentemente purificador e instantáneo. Y una vez superada la descomprensión, cuando mi cuerpo se acostumbra a la atmósfera de Francia en los años 60, lo siguiente que sucede es la vida en si misma. La vida tal y como es o más bien como debería de ser. Porque si algo tienen sus películas es que siempre siento que el mundo real es el que sucede dentro de ellas y el mundo exterior es el absurdo al que no le tengo nada que decir.

¿Qué hay en estas películas que me cueste tanto encontrar en ningún otro lugar? Belleza y amor. Pero en una forma personal y subjetiva que no tolera bien los superfluos (o simplemente ajenos) vodeviles o dramas que estén guiados por otra mano que no sea la de Truffaut o Godard. Hasta ahora solo tenía un puñado de excepciones bajo estos conceptos (a modo de ejemplo, American Beauty) y ahora de pronto soy partícipe en segunda persona de sueños que nunca me sucederán: Las piernas de Anna Karina, el café no pagado en una cafetería de unas ramblas, mis dedos por un vientre a 2.3 centímetros por segundo, unos preciosos labios sonriéndome en blanco y negro o la anarquía poética que se produce cuando tienes a una chica a menos de medio metro de los ojos. Y todas las demencias y obsesiones que solo en esa vida llegan a alguna parte.

Todos nosotros (Antoine, Pierrot (Ferdinand), Charlie, etc.) no podemos hacer nada más que caer porque ese es el material con el que estamos hechos: uno endeble que reacciona instantáneamente al contacto con esas mujeres. A nosotros que se nos mezclan la admiración con las ganas de comer y se nos atraganta el aburrimiento y la soledad nada nos sienta mejor que esos delirios de juventud y personalidad.

Sé que estoy loco por autoincluirme en un grupo de franceses bohemios. Yo nunca podré formar parte de esas aventuras aunque a cambio mi personaje esté vivo y los suyos no.

5:16 -> Do you want to go, do you want to go away from here? Do you want to go, do you want to go away from here? Where are we going? Where are we going? Where are we going? Where are we going?

miércoles, 9 de febrero de 2011

9.01.01 - Relaciones diplomáticas [Brian - You don't want a boyfriend]

Brian - You don't want a boyfriend

Letra!


La diplomacia es un arte social de las mentiras piadosas, de la negociación óptima y de la imagen por la imagen y con la que se aprende a cosechar aplausos empapado en mediocridad o escurrir los dedos en entrepierna ajena. ¡Ay, cuánto admito a los grandes artistas de la diplomacia!

Es muy dificil, por no decir imposible, ser un buen diplomático; pero las ventajas son enormes: comprensión de todos los tabús y la capacidad para obviarlos al gusto, dominación absoluta en base de ataques en los puntos débiles de una victima, la capacidad para hacer feliz a quién más deseemos y sobre todo la gratificación de que nuestros porcentajes de éxito aumenten en todos los retos de la vida. ¿Y creéis que se aburren con tanta victoria? Para nada. Insaciables, los artistas de la diplomacia siempre quieren más.

Otros, lo que somos más tontos o estamos ofuscados por una antisuperficialidad nihilista (estas dos palabras juntas demuestran que somos MUY tontos), no tenemos nada que hacer cuando son nuestros adversarios en combate. Como aliados pueden subirnos el carisma 5 puntos pero como enemigos nos deportan a una derrota a la mínima que soñemos con dar un paso en la pelea. Adelante. Atrás. A veces hasta quedándote quieto. ¿Es aterrador, verdad?

A ratos cuando me siento muy pequeño y menguado por estas derrotas en terrenos amorosos (osease, siempre que no he sido derrotado por mi mismo si no por un diplomático) contra diplomáticos bastante mediocres, pero en ese aspecto superiores a mi; y lo primero que tiendo a pensar es "Soy mejor que él. Lo que pasa es que ella no se ha enterado". Y entonces es cuando caigo: ¿No estaré sobrevalorando al marketing?