sábado, 12 de febrero de 2011

9.01.02 - Do you want to go away from here? [Asobi Seksu - Leave the drummer out there]

Asobi Seksu - Leave the drummer out there


Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel. Antoine Doinel...

Cuando Françoise Truffaut o Jean-Paul Godard se colocan detras de la cámara, en el preciso momento en que se apagan las luces del cine, me succionan hacia dentro del filme que se empieza a proyectar. Supongo que esta sensación os resultará familiar: es lo que sucede siempre con el buen cine. Pero cuando el cuentacuentos es uno de ellos, os juro que no todo es igual...

Nada más atravesar el celuloide lo primero que me encharca los pulmones es una violenta sensación de regocijo y libertad. El efecto es muy parecido al de Vics Vaporub: sorprendentemente purificador e instantáneo. Y una vez superada la descomprensión, cuando mi cuerpo se acostumbra a la atmósfera de Francia en los años 60, lo siguiente que sucede es la vida en si misma. La vida tal y como es o más bien como debería de ser. Porque si algo tienen sus películas es que siempre siento que el mundo real es el que sucede dentro de ellas y el mundo exterior es el absurdo al que no le tengo nada que decir.

¿Qué hay en estas películas que me cueste tanto encontrar en ningún otro lugar? Belleza y amor. Pero en una forma personal y subjetiva que no tolera bien los superfluos (o simplemente ajenos) vodeviles o dramas que estén guiados por otra mano que no sea la de Truffaut o Godard. Hasta ahora solo tenía un puñado de excepciones bajo estos conceptos (a modo de ejemplo, American Beauty) y ahora de pronto soy partícipe en segunda persona de sueños que nunca me sucederán: Las piernas de Anna Karina, el café no pagado en una cafetería de unas ramblas, mis dedos por un vientre a 2.3 centímetros por segundo, unos preciosos labios sonriéndome en blanco y negro o la anarquía poética que se produce cuando tienes a una chica a menos de medio metro de los ojos. Y todas las demencias y obsesiones que solo en esa vida llegan a alguna parte.

Todos nosotros (Antoine, Pierrot (Ferdinand), Charlie, etc.) no podemos hacer nada más que caer porque ese es el material con el que estamos hechos: uno endeble que reacciona instantáneamente al contacto con esas mujeres. A nosotros que se nos mezclan la admiración con las ganas de comer y se nos atraganta el aburrimiento y la soledad nada nos sienta mejor que esos delirios de juventud y personalidad.

Sé que estoy loco por autoincluirme en un grupo de franceses bohemios. Yo nunca podré formar parte de esas aventuras aunque a cambio mi personaje esté vivo y los suyos no.

5:16 -> Do you want to go, do you want to go away from here? Do you want to go, do you want to go away from here? Where are we going? Where are we going? Where are we going? Where are we going?

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