lunes, 18 de abril de 2011

9.01.06 - La indignación inexistente [The Radio Dept. - Where damage isn't already done]

The Radio Dept. - Where damage isn't already done


La enésima gota que colma el vaso cae desparramando más líquido fuera del vaso y a casi nadie parece importarle una mierda. Los apabullantes niveles de conformismo me cabrean tanto que me hacen pensar que en realidad no es para tanto, que la sangre que hierve es solo la mía, y que por tanto, teniendo en cuenta que a mi no me va mal, no tiene sentido preocuparse tanto por problemas ajenos:

Al tema de Finlandia es fácil quitarle peso pensando que lo que han hecho los finlandeses es castigar a la corrupción en las fuerzas tradicionales y que además al menos ellos pueden permitirse tales burradas electorales porque tienen dos cosas que aquí faltan: democracia y estado del bienestar. Vale, lo podemos pasar por alto.

Sobre Spotify lo que me cabrea es que la gente se niegue en redondo a pagar 5€ por un catalogo musical enorme (y en expansión; esos argumentos de “Fulanito no está” no me sirve, salvo tal vez para los Beatles, que ya sabemos que quienes poseen los derechos se la sudan que sean accesibles para todo el mundo). Considero que en el debate sobre la piratería el usuario tiene toda la razón excepto en el argumento del “Todo gratis” porque es que no; hacer música cuesta dinero. Pero en fin, como yo sí que pago y colecciono discos, puedo pensar que en realidad la gente realmente no ama tanto la música como dice y puedo pensar en la música como el enésimo hobbie exclusivo mio y de unos pocos frikis más.

Pero llega el asunto de Telefónica/Movistar y me entran unas ganas enormes te estampar ladrillos contra sus escaparates, de insultar a los del 1004 en cuanto se les ocurra volver a llamarme o de regar en mierda todos sus establecimientos. Porque que una empresa recientemente privatizada presente un ERE a base de prejubilaciones en la situación actual es bastante egoísta pero relativamente irreprochable. Que lo haga en beneficios ya mosquea un poco, aún cuando una supuesta llamada a la competitividad parezca un argumento válido. Pero que además exista una partida presupuestaria de cuantía similar para incentivar a los directos e incrementar así la brecha salarial ME TOCA MUCHO LOS COJONES. Si nos ponemos a pensarlo seguro que el 98% de las empresas son igual de clasistas, cínicas e insolentes; pero no siempre tienen los Santos Huevos de presentar semejante abominación en un 3 en 1.

¿Pero qué se puede hacer? Las ideas más violentas, escatológicas o insultantes están penadas por la ley, y yo soy un cobarde en cuanto a saltarlas (porque hace falta una gran fuerza social para derribarlas, algo impensable en este país). Pero siempre es posible boicotearla desde abajo. Rechazando socialmente a sus consumidores y molestando incansablemente su presencia y menospreciando sus promociones.

Los señoritos mandamases de Telefónica/Movistar deberían tener muy claro que a los irresponasables de los bancos y las cajas a lo mejor no se les podía tocar porque acabaríamos por hundir el país entero pero que a ellos si se la puede hundir.

Así que vamos a intentarlo.

lunes, 4 de abril de 2011

9.01.05 - Con la comida no se juega [The Soft Moon - Parallels]

The Soft Moon - Parallels

Con la comida no se juega, así que no le pondré sombrero y monóculo al pollo asado, no usaré zanahorias para las rinoplastias de los muñecos de nieve y no crearé géiseres en los refrescos. Tampoco usaré los espaguetis para conseguir tener unas lianas colgantes en mi habitación ni usaré la coliflor y el puré de patata parecerme a un noble del Siglo XVIII.

Denegaré la entrada de pasajeros a todas mis cucharas, arruinaré las mascarillas faciales que podrían ser mis tartas, boicotearé los bizcochos como almohada y no habrá maracas en los cereales, las legumbres y demás. No conquistaré los cielos plantando ningún fruto a medio roer en cualquier maceta ni simularé analogías entre las mandarinas y los labios de nadie, amén de comparaciones fructofílicas de peras, melones, nabos, pepinos y otros. No haré surf untando mantequilla ni desarollaré pictogramas a base de huevos fritos y patatas sonrientes.

No haré bolas de pan para jugar al fútbol o al baloncesto. No abriré el Mar Rojo en la sopa. No catapultaré ningún guisante. No forjaré amistad con ninguna chica más.