jueves, 2 de septiembre de 2010

8.06.16 (086) - Sólin Mun Skína

Rökkurró

Todos tenemos derecho a que se nos salgan los ojos de las órbitas y a caricaturizar en aullidos internos la sangre (referencia nipona) saliendo a borbotones por la nariz. No hace falta decir lo delicioso que puede llegar a ser el cuerpo humano. Pero a veces parece mentira que se haya creado un estándar superficial y la gente encima lo considere universal.

Lo que a mi más me gusta rara vez se me complace en el cine, la televisión o la publicidad en general. Y exijo mi derecho a cansarme y extasiarme de la voluptuosidad que desee. En el cine por ejemplo hay poco que destacar: Scarlett Johansson en Scoop, Mia Lyhne en The boss of it all, o Charlotte Gainsbourg en La science des rêves. Poco más.

Volviendo al mundo real, me gustaría tener permiso para retar a quién me de la gana a un duro pulso con la mirada para comprobar las diferencias entre ambas pupilas cuando éstas no son reflejos del mismo espejo. En general, la antisimetría es bella.

Algo que me encanta también es hundir las falanges en los sacos de pelos, suaves y mullidos, de las leonas más exuberantes que conozco. Y perder en el buceo las yemas de mis dedos. De la nuca a la parte superior del cráneo quiero arar yo mismo la cosecha. Recolectar el olor del Fructis o lo que sea que haya nutrido esa selva negra.

También tengo que aprender es a provocar más sonrisas. De esas tan risueñas y vergonzosas que alzan la vista al cielo y acaba atardeciendo sobre las mejillas, en dos semicírculos de abrumadora ternura. Ser un buen maestro de la comedia a cambio de una definición mejor que la del diccionario de la palabra "risueña".

¿Y qué decir del filtro labial, y unas grandes mejillas con la nariz a juego? O de unos michelines almohadísticos (De almohada) y mucho mejor puestos que unos aburridos vientres planos. Y de lo dificil que es sobrepasar el metro setenta sin ponerse deforme. O simplemente demasiado grande. ¡Que las palabras japonesas "kawaii", o la inglesa "cute" sean las mejores para definir una buena belleza! Y aprender que el Photoshop mejora las fotos, no a las personas.

Hay mucho que decir, la verdad. Pero espero que no me hagáis mucho caso. Que me gustaría seguiros sorprendiendo con esta sencilla honestidad.