lunes, 8 de junio de 2009

7.04.12 (083) - Gravedad cero

Hacía ya mucho tiempo que su alienígena favorita había salido a buscar las Lays Vinagreta (que habían salido despedidas) al espacio y empezaba a impacientarse. Se supone que el contacto visible no se perdería, pero subestimaron el poder cegador del sol, cuyos rayos putivioletas afectaron a todo el instrumental de la nave. En el interior de la nave Dine, el Señor de las Casualidades Causales no sabía ya que hacer. Sabía que ella estaba cerca porque el cable que la unía a la nave devolvía la señal de que un objeto de 70 kilopondios (sumando el traje y el instrumental) seguía al otro extremo de este.

Dentro de la nave había música y comida, pero alguien que tiene tan cerca y tan lejos todas las estrellas del universo no puede evitar volverse loco cuando transcurre tanto tiempo sin que aparezca ni un solo asteroide al que pedirle un deseo.

Un día se colocó el traje de supervivencia, agarró el cable de varios kilómetros que todavía separaba a su amiga de la nave, y saltó sin mayor protección hacia el vacío del espacio. Cualquier viento estelar o un error en la trayectoria programada que le hiciesen soltar el cable durante un solo segundo le condenarían a viajar por el espacio sin rumbo, sin encontrarse nunca con ella.

Avanzó a trompicones contra la luz de aquella estrella de la muerte, hasta quedarse ciego. Se le quemaron las retinas pero ni una sola de sus lágrimas se evaporó.

Y solo él supo si logró llegar o murió quemado y deshidratado. Y con eso basta.

1 comentario:

Lunaem dijo...

Todo por culpa de unas patatas...