martes, 30 de noviembre de 2010

8.06.23 (093) - Despicable Dogs

Small Black


El hastío, el asco, la apatía o simplemente el aburrimiento dominaban lentamente la franja entre las 6 a las 7 de la tarde. A esas horas ya no queda nada, absolutamente nada, que llevarse a los sesos. El internet libre está aprendido y el resto prohibido. Y lo único que había para jugar era un sandwich de queso y lechuga que ya estaba rancio y seco capa a capa. A esas horas a veces ya no te salva ni la música.

¿Quién dice que la mediocridad ni se crea ni se destruye? ¡¡Cataclasma!! Que no tiene nada que ver con lo que estaba diciendo pero por lo menos acaba de crear el caos en el que lo lee. Cataclasmático sería colocarse una de las hojas de lechuga del sandwich sobre los pezones. Mejor dejarlo. Mejor huir. Mejor deshacerse del sandwich.

Salgo a la calle, escapo del edificio, me atiza hostias el frío pero ¡soy libre! Veo a un mendigo y no se me ocurre otra cosa que darle el sandwich. Ya sabemos que si de verdad lo pasa mal, aceptará ¿no? No sé si es un pensamiento pueril, simplemente se lo doy. Tras la entrega, ya feliz y distendido, me alejo de allí hasta que una explosión sacude mis espaldas. Del susto me doy la vuelta, ¡qué inconsciencia! Veo tras de mi al pobre mendigo chamuscado y con humo saliendo cómicamente de sus ropas. Está bien, porque respira y dice que le da gustito no pasar frío al estar churruscadito. Pero yo temo lo peor. Me acerco, y compruebo atónito como yacen los restos del sandwich sobre la acera. El pan troceado ha llovido sobre más de un par de metros cuadrados, y entre esta siniestra nieve se ven los restros pútridos de una lechuga quemada y del queso convertido en chicle pisoteado. "¡Nooo!" grito y exclamo a los cielos. ¿Quién habrá podido usar a ese mendigo para atentar contra mi bocata? ¿Será un aviso del destino para no hacerse almuerzos en vano? La resolución de este misterio no podría ser más desolador: nunca lo sabremos. El sandwich de el día siguiente me lo comí.

1 comentario:

Lysiz dijo...

O salir corriendo sin siquiera la sombra del clavo/sandwich que pueda anclar el cuerpo a la mediocridad.