domingo, 1 de junio de 2008

5.51 - Anonimato


El plan me conmovió.

Salí de casa y llegué a la Fnac a las 17:30. Sabía que tan pronto sería demasiado pronto, así que el tiempo comenzó a pasar ojeando las gangas...
A las 18:15 tuve una revelación: sería impoible encontrar a Extraterrestra con tanta gente. Ordas de personas caminaban contra mi sentido, yo necesitaba dar un paso para avanzar hacia ellos mientras que con 4 se bastaban para atizarme con el viento que movían sus cuerpos al desplazarse. La atmósfera se tornó sofocante y encontrar a alguien de quién sabía tan poco me parecía cada vez menos probable.
Desorientado, me paré bajo las láminas translúcidas del techo a oir como llovía, sabiendo que eso no hacía más que atraer a mas gente.

Como necesitaba sacudirme de encima el peso del mundo, corrí a leerme los principios de todos los libros de Nothomb que aún no me he leido.
Luego me fuí a admirar el cartel que decía "Sigur Rós 24/06/2008". Babeé un instante con un Homogenic de Björk que costaba 7€ y me evadí un instante tratando de buscar ciertos discos de Architecture in Helsinki y de Apocalyptica mientras tenía en la cabeza el Harvf/Heim de Sigur Rós.

Tras mi travesía musical sin sentido, volví a la realidad. Decidí saltarme la última canción de Röyksopp y mandar a mi iPod que me cantase Sigur Rós.
Comencé a mirar más a la gente que a los productos y así obtuve una primera sospechosa. Iba de blanco y tenía un bolso blanco con un peluche. No, no podía ser, no encajaba. Al rato la perdí de vista y comencé a dar vueltas, ya en serio, por la Fnac. Me quería sentir como Nothomb cuando cada vueltas asmáticas en honor a Elena. Así yo también podría intentar ser mártir.

A las 18:45 apareció la segunda sospechosa, pero pronto lo negué: ¿Gafas? ¡Pero ese flequillo me sonaba (la única pista que tenía)!. Claro que encaja, pero no puedo dejar de poner pegas al color ni aún cuando es lo más lógico. Al fin y al cabo, mi colorfobia no tiene más razón que la razón de la intuición: una tontería.

Tenía que hacer algo, y comencé a SABOTEAR la Fnac. Corrí a las secciones de Nothomb. Saqué un libro suyo y lo puse mirando al público, para que se la viese de frente. Fuí a la sección de bolsillo y expandí "El Sabotaje Amoroso" por donde pude, tapando otros libros impunemente. Y sobre todo, corrí a la sección de BSO, y por cada vuelta que daba, cogía una BSO de Amélie y la expandía por la estantería.
Me encontré con "Les Combustibles" descolocados en la sección de libros en francés. ¿Significaba eso algo?

Llegó un momento en el que, mientras ella estaba en un pasillo, yo estaba en el contiguo, medio leyendo a Momo (muy cerca de los "El sabotaje amoroso"), ¡¡pero ella lo hacía mal!!: Nunca se detenía enfrente a los libros de Nothomb. Eso no cuadraba.
Me fuí a su pasillo y me puse tras de ella a ojear los libros de Eduardo Mendoza. Ella estaba de espaldas a mi ojeando algo (tal vez a Ruiz Zafón). Se levantó, y tardó un rato largo en... ¿encapuchar el paragüas? Dudé, pensé, traté de interpretar eso de algún modo. Los gestos eran lentos y tímidos, eso cuadraba bien. Pero desapareció tras la columna y luego... ¿A dónde había ido?

La había perdido de vista por tercera vez, y empecé a rendirme. Eran las 20:30 y sabía que antes de las 21:00 se iba a ir, pero mientras estaba sentado entre los libros me la volví a encontrar viniendo hacia mi posición. Me fijé en sus zapatos cyan (cyan, cyan, cyan, cyan), en su agradable ¿camiseta? y en las chapas que tenía. ¿Encaja? ¡¿Qué hago!?

Me levanté a buscarla, y pensé que la había perdido, pero me la encontré caminando hacia mi. Nunca la había mirado bien durante más de un segundo (ni ella a mi) y tampoco lo hice esa vez. Cuando pasó a mi lado me fijé en su chapa... ¿Blythe? 10 segundos después me di la vuelta y no la ví. Corrí y la ví bajando las escaleras. Di la vuelta entorno al foso central hasta las escaleras, pero ya se había ido: no estaba en ninguna de las 2 colas de caja, y como llevaba Closer en la mano, debería estar ahí si la había comprado. Deduje que a lo mejor había vuelto a subir. Tome las escaleras automáticas hacia el segundo piso, pero ya no la ví.

Más tarde salí de la Fnac contento por la aventura sin sentido. Había sido emocionante al menos.

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