domingo, 8 de junio de 2008

5.55 - Baile sideral. Azul.



Subí los escalones. Deberían ser casi dorados pero en la oscuridad se mezclaban el naranja, de cuando eran iluminados, y el azul de la oscuridad. Subia arreglándome el traje aunque debajo llevaba una camiseta pre-fabricada de las mias, esa en la que salía Laverne disfrazada de tentáculo rojiblanco, del Day of Tentacle :).

La luna aullaba y el viento arrastraba las ojas de los cerezos hasta la cima de la pirámide. Esperaba encontrar en su cima un volcán y varios puestos hawaiianos veniendo cocos, pero tansolo estabas tu espaldas mirando a la luna. Era un largo traje que te llegaba casi a los talones. No soy muy bueno describiendo ropa, pero ese vestido de noche me encantaba. No se ceñía demasiado a tu cintura pero destacaba tus caderas, y el viento lo movía con una dulzura adorable, tanto como la preciosidad con la que se ondularía cuando andases hacia mi con tus piernas. Tus hombros quedaban desnudos a sus estrechos tirantes, y estaba seguro de que se vería tu colgante gracias a su escote, recatado y delicado, no llegando a enseñar ni canalillo. Simplemente un traje elegante, precioso y romántico. Estabas preciosa, Zoe.

Te agarré por la cintura y nos asomamos al otro lado de la explanada final. Al otro lado eran las mismas escaleras que había subido, pero ahora para bajar. Los Dioses Aztecas amplificaron la musica del iPod que posé en el suelo para que nos proporcionase una mejor atmósfera, la que solo la música sabe dar.

Y así girabamos abrazados entre canciones melódicas. Me gustaba tu pelo oscuro volviéndose azul. Mis manos se volvían naranjas cuando pasaban cerca de la antorcha, única luz, junto a la luna, que allí había. Me gustaba tu mirada, a ratos perdida, a ratos en mi hombro, a ratos en mis ojos, a ratos en la luna, a ratos en mis labios, a ratos en mis manos, a ratos en mis brazos, a ratos en tu pelo, a ratos en el cielo, a ratos en las estrellas, a ratos en los cometas, a ratos en las gaviotas, a ratos en el suelo, a ratos en mi barbilla, a ratos ayudando a tus brazos a apretarme con mas fuerza contra ti en mi espalda.

Y nosotros éramos las cuerdas de los violines. El viento y la noche jugaban con nuestros cuerpos, con nuestra danza, ayudándonos a bailar con la oscuridad, la luna y las estrellas.

Sólo faltaba abrazarnos y dejarnos caer al suelo un rato para apreciar cada nota de la música y cada caricia del viento, esperando con nuestro calor al amanecer.

1 comentario:

Extraterrestra dijo...

Por esas dos pelis, merece mucho la pena, si . jijijij