lunes, 1 de septiembre de 2008

6.59 - Toallas. Amarillo.

Cuando me miro al espejo demasiado cerca puedo ver indivualmente cada uno de los pelos de mi barba y mis cejas. Me da miedo observar los huecos que algunos pelos dejan, lugares por los que sin duda brotará el sudor.
Tú, consciente de ello, pasas tus dedos lentamente sobre mis socavones y asfaltas con tu suavidad la orografía de mis imperfecciones. Me siento seco, pero los rios que la ducha dejó por mi cara aún se sienten como corrientes de magma amarillo. Creo que me estoy quemando y en vez de secarme me veo inmerso en un sofocante proceso de ignición.

Alivio. Pasaste tu toalla amarilla por mi frente y desaparecieron los colores piscodélicos de mi ansiedad. La bombilla deja de desprender esa incandescente radiación lumínica y así las paredes pierden su color de azufre.
No cierro los ojos, despierto, desvío un poco mi mirada, y te encuentro borrosa detrás de mi reflejo, entre las salpicaduras de agua y el vaho en el espejo.

Respiro cuando pegas más tu cuerpo y tu pecho a mi espalda.
Y cuando dejes caer tu toalla, no tardaré ni un segundo en darme la vuelta y besarte.
A 550 nanómetros de tu aliento. Longitud de onda de la luz amarilla.

2 comentarios:

polaroidgirl dijo...

joder.... sabes escribir!

Extraterrestra dijo...

*_*

pero que bien que escribes cabron xD

titititititit, besitos, tititititi