lunes, 1 de diciembre de 2008

7.01.10 - Desayuno, merienda, cena y desayuno

Suena: Mercromina - El buzo
¡¡Choff!!
Caíste en mi desayuno. Sabías que no tardaría en suceder, eso te pasa por hundirte a dormir sobre las arenas de cacao. Ahora estás siendo diluida con la leche. Si la mezcla ya es empalagosa de por si, contigo lo será aún más.

No, no trates de agarrarte a la cuchara, es imposible. La fuerza centrípeta que ejerce sobre el interior de la taza es suficiente para vencer a la gravedad ¡tus brazos no tienen ninguna opción contra las leyes de la física!

Exhausa, ves a las tortitas del mercadona zambullirse en el agua. Tienen miel, pero no eres capaz de impregnarte a ellas ¡si volviesen los tiempos en los que cenaba tostadas con miel! Pero ahora soy aún más vago y me gusta tardar menos en cenar.

Luego tienes que huir de una magdalena ¡que exageración! ¡Casi no entra por la boca de la taza! Tan ancha y no da a basto, quieres pensar en empaparte de ella pero entonces caen los Golden Grahams. Puedes subirte a uno y sufear tu huida, pero tanto empaparlos en la leche lo único que logra al final es que llegue el turno del arroz inflado chocolateado y tú todavía no hayas podido alcanzar ninguno. Estos, los nuevos, los negros, son demasiado numerosos, y te ahogan, y sabes que has perdido tu oportunidad.

1 comentario:

Perdida dijo...

Nunca un desayuno dió tanto de sí!