lunes, 8 de diciembre de 2008

7.01.14 - Compenetración estropeada

Llevabas un precioso vestido de estos de una sola pieza. Era rojo, naranja, verde o azul. No importaba, la única realidad es que tú te sentías agusto y te veías genial. Yo lo admiraba, ¡¡no puedes ni imaginar cuanto lo admiraba!!: lo miraba y lo volvía a mirar cuando no te dabas cuenta... Y es por eso por lo que a veces hasta me olvidaba de agarrarte la mano con fuerza.

Nos presentamos ante La Puerta juntos, ruborizados y de la mano, pensando en cómo la transpasaríamos. Yo te había prometido traerte hasta ella, yo te había hablado cientos de veces de mis sueños de llegar hasta aquí y pasarla juntos. Tú me habias concedido el sueño de viajar hasta ella y además sabía que en tu corazón latía la irrefutable determininación de querer cruzar también aquella puerta. Así que sería un viaje por mi, por ti y por los dos :)

La puerta se abrió, y lo que encontré detrás no distaba tanto de lo que yo había imaginado pero algo me abofeteó todo el cuerpo al conteplar el interior de la habitación... Sé que sentiste lo mismo porque tu mano se volvió tan fría en solo un instante...

Ahí dentro estaba todo lo que siempre había querido, se podían ver cuadros, cestos de comida, pasteles, norias, cucharas gigantes, toboganes, conejos, perros, gatos, camas, caravanas, islas desiertas, montañas... Un cuadro de una belleza incalculable se dibujaba en el tapiz del horizonte tras aquella puerta, y sin embargo no había forma humana de atravesarla.

Desconcertado, me di la vuelta y te miré de arriba a abajo. La piedad que sentía al temblar abrumado por tu belleza me hacía morir por un abrazo tuyo, pero cuanto más te quería más dificil era atrevsar aquella puerta.
Te solté. En ese momento el bloqueo del marco desapareció, pero a cambio todo lo que había dentro desapareció y no quedó más que una pantalla negra y muerta.

Me había pasado meses enseñándote el camino a aquella puerta que había visto en tantos sueños y que quería compartir contigo, que sin ti no existía, y que sin embargo era absolutamente imposible cruzarla contigo...
¿¿¡Qué había fallado!??

¿Habría sido yo al quererte? O al dejar que tú me quisieras...

1 comentario:

Perdida dijo...

Y es que es tan perfecto imaginar, crear mundos perfectos cogidos de su mano, que se nos olvida que soltándola, todo acaba...

saludos!

PD: me encantó este post :)