sábado, 3 de enero de 2009

7.02.10 (030) - Platillos

Með suð í eyrum (Un zumbido en los oidos)

El mundo comienza con un piano. Es una regla inquebrantable sobre la creación del universo, todo empieza con una cuerda vibrando y haciendo la tierra temblar. Luego ya pueden llegar los estallidos, la bioquímica, las supernovas o los glockenspiels, es todo lo mismo, la consecuencia al grito de un bajo en la apertura de una canción.

Caer siempre es una actividad muy poética. Algunos creen que la magia de caer es adoptar una postura aerodinámica para alcanzar la mayor velocidad posible, pero están muy equivocados, la magia de caer es ser una onda, como una onda musical, una onda que te levanta la ropa y te hace cosquillas de la cadera al vientre, sin ningún pudor. Este oleaje es solo el comienzo de lo que es el caer. La siguiente fase sensorial es la que te obliga a estirar los brazos y luego los dedos de las manos, para abarcar el máximo oespacio posible. Para que el aire le pertenezca a uno tiene que estar en contacto con el máximo posible ¿no? Eso de la aerodinámica y las parábolas descendentes en la trayectoria son nimios placebos para unos insentados que no son capaces de sentir la ondulación de los gritos del viento y el esquí de las manos sobre las partículas del aire.

Ya tenemos dos deportes y dos artes en un mismo hobbie, pero la nutrición sensorial de verdad comienza cuando tus piernas se elevan un poco por encima de tu cabeza y sabes que es el momento de abrir los ojos. Al principio parpadeas muy rápido porque no sabes como levantar los párpados sin que estos salgan a volar y porque la luz (que crearon las guitarras al reaccionar al bajo creador del universo) te ciega hasta que tus ojos se hayan acostumbrado. Cuando la pupila se contraiga y reduzca su tamaño, podrás contemplar lo que te rodea.

Supongo que tus ojos son capaces de verlo mejor de lo que nadie pueda contabilizarlo en formas y colores. Por mucha velocidad que cojas, la caida entre las nubes te hace cosquillas por todo el cuerpo y siempre puedes apreciar los colores del cielo, que es un tapiz anaranjado, rojizo, amarillento y verdoso que es atrevasado por un arco iris color azul cielo. Poco a poco vislumbras la tierra, y puedes observar ya las primeras edificaciones: guitarras amarillas de medio kilómetro de altura, cuyas cuerdas siguen vibrando. Estiras la mano en plena caida para afinar su sonido, y todos los colores se van oscureciendo a medida que se acerca el suelo. A parecen saxofones, clarinetes, sintetizadores, otros tipos de guitarra y ahora es cuando de verdad comienzas a acelerar y las ondulaciones de tu ropa se vuelven tan caoticas que el se te descontrola el pelo flotando cotra la gravedad y pierdes los zapatos que se van flotando hacia el espacio.

Caes contra la batería, rebotas y estallan los platillos. Ya solo queda una reverberación cósmica e infinita que nunca acaba, y mientras el volumen va muriendo, caen a tu lado los acordes, las notas, las nubes, una lluvia de handmades que te entierran en el eco de la canción.

Hljómalind


Para Rin