martes, 27 de octubre de 2009

8.01.10 (010) - Sleepyhead

Passion Pit

A Guille le encantaba ese sabor. Dientes de leche y el carbón dulce de la navidad. No es de extrañar que estrellarse contra el patio del colegio supiese a chuchería. Sangre, asfalto y trocitos de sus incisivos.

No es necesario aclarar que no estaba consagrado en el excelso arte de ser golpeado y estamparse contra el suelo, así que el daño físico fue totalmente inesperado Sin embargo, si decimos que lo peor no fue ni la hostia ni el golpe, tenemos claro que lo que jodió de verdad, fue amor. Nunca falla. Ese hijo de puta siempre por encima de todos los males.

Guille tuvo la ventaja única de conocer muy muy joven, con apenas 13 años, una verdad absoluta sobre la confianza y la misantropía. A diferencia de cientos de miles de millones de pre-adolescentes, Guille decidió tomarse esa hostia ya como verdadera y definitiva, como la negación irrefutable de la existencia de una realidad alternativa, alegre, juvenil, llena de confianza, romántica pero inteligente o pop.

Su ex-mejor amiga se agachó para ver si se había hecho daño. Él se levantó ignorándola. Y ella simplemente se fue con su novio. Y ya está.

Le gustaría haber llorado, pero ya lo sabía ¿para qué? Tanto dolor ahorrado ¿para mejor? Tenía toda la vida llena de libertad por delante.

Sintió un nudo en la garganta y se puso nervioso. Le incomodaba ser adolescente que no iba a ser un imbécil.

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