jueves, 23 de diciembre de 2010

8.06.25 (095) - Twin Flames

Klaxons


La infelicidad es una de esas situaciones tan peculiares. Como verse orinando en una pequeña habitación de baldosas blancas. Tú reflejo está frente a ti, pero lo ves peor de lo que lo verías en un aeropuerto estadounidense en uno de esos escáneres corporales. Está ahí pero no está: No tiene rostro y tampoco importa. Porque la evuación te ha liberado. Has sido recompensado. El cerebro ha tenido que te ha puesto una zanahoria al otro extremo del palo para que acudas hasta el baño. Y luego, cuando te la da has de comértela con piel. Te calma la ansiedad pero no sabe a felicidad. Cuando termines de roerla podrías pegar tu mejilla contra las dichosas valdosas y dejar arrastrar tu cuerpo por ellas haciendo ese simpático chirrido tan de dibujos animados. Y eso podría parecerse más a la felicidad. Eso si.

Bajo la constante falacia del libre albedrío vivimos condicionados a conseguir ... (Se detiene el teclado).

Yo antes escribía de cosas bonitas. ¿Qué me he vuelto? ¿Demasiado nihilista o demasiado snob?

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