martes, 22 de septiembre de 2009

8.01.02 (002) - Mañana me voy a poner otro vestido

Linda Mirada

Estaba en el bus cuando Marina subió. Y no tenía mucho sentido aquello, porque lo hacía en la última parada antes de llegar a la Plaza del Ayuntamiento. Mientras subía, por la puerta de en medio, el conductor salía corriendo y se metía en el autobús de al lado, creo que el 70, durante los 30 segundos que dura la espera en el semáforo. No tuve tiempo siquiera de preguntarme que era lo más bizarro de aquella situación.

Marina se agarró de una de las barras y no me miró en el minuto que duraba el trayecto. Claro, ¿Cómo iba a hacerlo? No tenía ni tiempo. En un minuto y dieciocho segundos llegamos frente a la fuente donde se acababa el trayecto, y aunque supuse que ella se quedaría para volver hacia las afueras, se bajó y huyó. ¡Qué cobarde!

Mientras cruzaba el paso de cebra la veía alejarse. Yo no entendía nada. Yo no era capaz de explicar absolutamente nada. La música me apaciguaba pero me robaba las palabras, así que ni siquiera podía planificar escribir en Google Docs para luego subirlo al blog. Solo podía verla huir y pensar en que el próximo día aprendería a hacer algo en 1:18. Tal vez 1:17.

Creo que quería indicarme que el tiempo no tiene sentido. El domingo soñé con una explosión nuclear. Sé que no hay relación. Encontraré una.

2 comentarios:

Hirondelle dijo...

Marina es un bonito nombre

Perdida dijo...

quizá aprendas a hacer algo en 1:17, como dices, o quizá es que no era tiempo de pensar en nada, solo de soñar despierto, que es precioso :)

Adoro soñar con los ojos abiertos...