lunes, 4 de enero de 2010

8.04.01 (034) - Bitácora Llïonesa. Día 1.



A mi casa en ruinas no le han empezado a salir las grietas, pero ya se me está desintegrando. Cuando he vuelto sólo he visto un montón de cosas que echar en falta. Pero peor ha sido descubrir cosas que aún no había descubierto. Ahora que no queda casi nada. Un Nietzsche de 1977 y una Rayuela de 1982. Unos cartuchos de carretes fotográficos de los años 50, libros de hace medio siglo, muñecas coetáneas de Franco y manifiestos izquierdas postfranquistas.
En la gran estantería del salón descansan algunos de los hombres más grandes de la historia y de las historias. Ya sea de la mano de Borges o de Tolstoi. Tengo recuerdos ajenos exóticos y algunos recuerdos propios nostálgicos. En otra habitación, por ejemplo, tengo brujas y piratas de una editorial que tal vez ya no exista, con garabatos a bolígrafo rojo con los nombres de mis compañeros de clase en 1991. No sé si me rompe el alma porque no recuerdo nada o porque no podré crear nuevos recuerdos con ellos.

Los tiempos han cambiado y ya no se puede soñar con piratas, con jugar a las chapas en el colegio o con reventar globos de agua en el pasillo. Pero yo puedo hoy puedo ser pirata, puedo ser un estallido de agua y puedo enterrar las 1500 chapas que tengo acumuladas en una mochila de cuero.

Ésta semana le voy a dar muerte digna a algunos objetos a cambio de la reencarnación como fotos para recuerdos eternos. Y otros acabarán en mi montón del Síndrome de Diógenes.

Y que viva también la nostalgia como euforia mental.


1 comentario:

Postal dijo...

¡Qué bonitos son los muñecos! ¡Haz algo con todo eso y tráetelo aquí! xD