miércoles, 13 de enero de 2010

8.04.04 (037) - Nunca estás a la altura

Klaus&Kinski

Click!

Admiro tanto esa capacidad de hacer de las cosas más pequeñas lo más grande que hay. Pero digo de verdad. Amo la curiosidad. El súmmum de la excentricidad se alimenta base de infinitos detalles. Y me encanta veros comer.

Pienso que sabría como amarte, pero me doy cuenta de que lo he olvidado. Tú tienes una fórmula alcohólica para no pensar. Yo tengo una obsesión por la cultura para alimentar mis emparanoyamientos. Aquí va uno: como pasa a nivel electrónico-protónico-neutrónico, la repulsión forma parte de éste juego electromagnético. Y la preferiría en forma de escupitajo que en la ya clásica y agotada fórmula de la Mirada de Pena. Realmente no sé si quiero cambiar de bando y aprender a ser superficial.

Hace tiempo que dejé de pensar atómicamente. No seremos un 1 nunca. Mi número favorito sigue siendo el 2. Y la misma repetición en mi cabeza todos los días. De tanto pensar acabo metiéndome entre quarks y leptones, saliéndome totalmente del contexto. Mi Amor, ¿¡no tengo derecho a mi propio Bosón de Higgs!? He sido un loco por desarrollar megalómanas teorías autoexplicativas sobre la existencia de todo para encontrar la más diminuta, misteriosa, bella e importante de todas las piezas del universo. Físicos románticos del mundo, ya se ha hablado sobre eso: "Sha la la la la la la La Gran Mentira", canta La Casa Azul. Aunque vosotros tenéis suerte y seguro que vuestra Partícula de Dios si que existe. La mia no, así que no puedo pretender que soñar con mi propia deídad ontológica. Porque estoy absolutamente seguro de mi ateísmo y de mi negación de Dios.

Hoy mi autoestima y mi pedantería están de enhorabuena. No sólo soy imbécil. ¡Soy un imbécil cuántico!

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