domingo, 1 de noviembre de 2009

8.01.11 (011) - Plastilina

Post Original en Loftárása.

Cuando jugaba con la plastilina tenía el poder que, intuyo, un director de cine puede sentir haciendo falso pero real todo aquello que está dentro de su cabeza. Ordenaba mis entidades coloreadas caprichosamente sin que nada ni nadie pudiese decirme nada. Al hacerlo, parte de ellas se impregnaban en mis dedos, que grasientos iban tornándose del color de las bolas mientras las daba forma. Me encantaba ser un Dios implicado con sus siervos.

Luego, podía aplastar a los muñecos de mil formas distintas. Me gusta sentir como las yemas de mis dedos absorbían la grasa de los cuerpos que estaba destruyendo al convertirlos en puré existencial cuando empujaba mi mano contra la mesa. Además, sus cadáveres se pegaban contra la pared. ¡Guay!

Cuando la luz reflejaba sobre la mesa, el campo de batalla había quedado marcado, y se notaba la huella grasienta de la masacre. Le puse el nombre de mil metáforas a este fenómeno, como la ñoña mancha de grasa de los remordimientos de mi corazón.

La plastilina se quema, se congela, sirve hasta para hacer contabilidad y en pequeñas cantidades se puede ingerir y deja buen sabor. Supongo que por todo ello al final acabé cogiéndole cariño, y no pude volver a ser capaz de canalizar mi ira a través de ella. Derrotado, el color empezó a significar inocencia y la plasticidad me hizo sentir algo parecido a protección.


El psicólogo ha pasado a darme folios en blanco con un estuche de 16 plastidecor. Lo primero que he hecho ha sido gastar totalmente el color negro. Al final he encontrado la simetría, los colores, la belleza y hasta el diseño fractal... Está desconcertado. Según él, he vuelto a hacer lo mismo otra vez. Ya pasó con el piano, el punto y el origami. Dice que aún no sabe que pasará cuando sea mayor. Yo, no es que me esté cansando, pero creo que voy a dejar de soñar con él.

2 comentarios:

Postal dijo...

Me gusta! Creo que tengo plastilina por casa todavía. Plastidecores de 16, todo un lujo! Aunque si tenias de 24 ya era la bomba. Yo siempre tuve de 12 y una vez un compañero de clase me pidió cien pesetas a cambio de prestarme el plastidecor color carne. El profesor se enteró y avisó a nuestros padres, menuda montamos.

Andrias Scheuchzeri dijo...

Creo que esta va a ser una de mis entradas preferidas de tus blogs >.<

¡Haz un dibujo con plastidecor y nos lo enseñas en el blog!