jueves, 4 de febrero de 2010

8.04.10 (043) - IRM

Charlotte Gainsbourg

Click!

¿No dices que estás tan predispuesto a perderlo todo? ¿Entonces?


En un extremo de la mesa tenemos un encendedor perfectamente encuadrado dentro de un cuadro dibujado sobre el mantel. A su lado reposa un cenicero usado. El humo de un cigarro ya extinto se va disipando sobre él. Llevo un rato mirándolo, pero no se va a mover. Así no puedo ni hundir la ceniza en mi nariz ni tirarlo contra el suelo para crear un gran estruendo, ¡qué asco! Así que no hay forma de romperme la consciencia, y habrá que afrontar la situación.

A un lado de la mesa tenemos a Z mayúscula y a lo otro a la z minúscula. Cuánto pienso en la Z, ¿verdad? Mentira. A z puedo agarrarla la mano y acariciarla aprovechando que mi mano es muchísimo más grande. A ver qué soy capaz de hacerla sentir sólo con ese gesto. Y entonces Z desaparecerá. Demasiado fácil.

Tras el cenicero hay otras 3 personas. Ahora mismo son 3. Y el mantel apenas cambia. Vamos a aclarar esto: debería cambiar. Se supone que debería y que habría zonas en blanco y negro, otras muy coloridas y otras con tonos ocres. Pues muy bien, estas últimas son las que predominan. ¿Eso quiere decir algo? ¿Que estoy contento? Lo estaría igual bañado en colores casi fosforitos. No, el problema no es el color. El color de mi vida, como el de este blog, está regulado como más me gusta; de forma óptima.

Pero vaya, ya vino un hijo de puta a preguntar ¿Óptima de qué?

¿Sabes?, no tengo miedo. Sólo tengo... admiración. No veo absolutamente nada que pueda perder. Sólo veo que hay tanto, tanto, ¡tanto por ganar! Y he de afrontar si puedo hacer ganar algo al mundo también. O al menos inventármelo.

Creo que es una nueva forma de definir el "estar contento".

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