martes, 16 de febrero de 2010

8.05.01 (047) - The psychiatrist is in

God help the girl
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Alejandro Martínez Moya, Marina Gómez Carruthers, Paco y Antonio tocaban "Teléfono de la esperanza" en el reducido espacio que había entre mi armario empotrado, el radiador bajo la ventana y los pies de mi cama. Trataban de animarme, estoy seguro, siempre he dicho que esa canción es de las mejores para no ser un imbécil; pero en ese momento poco podían hacer, y acabé lanzándoles un fresbee desde mis lágrimas sin apenas destaparme del reboltijo de sábanas que me tapaba. Creo que le dí a Alejandro en la frente y que el batería se cayó del susto y el bombo se jodió. No estaba de ánimos.

-Esto demuestra que los momentos peligrosos no llevan ese adjetivo en vano. Eso lo sabe todo el mundo, y yo; yo dejé que el pánico hiperbolizase todo incluso más allá de la realidad. Yo, que siempre he sido iluso y soñador, pero experto en temas de respeto. La contención y la paciencia no son lo mío, pero tengo una experiencia. ¿Lo ve? Lo dice bien claro mi expediente curricular. Corazón malherido y cerebro muy activo.
-Creo que su problema es simplemente que está hablando. Bueno, su problema la última vez es que no habló. En realidad el problema es que la última vez nunca es la última.
-Va a convertir en banal el hecho de que me guste esta canción.
-Vergüenza debería darle anteponer God Help The Girl a Belle & Sebastian.

Y así, el pobre hombre me ayudó a posar los pies en el suelo, a pensar en sueños de amor, a no olvidarme de cantar La Casa Azul y a seguir centrado en mi admiración con Lacrosse. De mi pasión con estos últimos y el concierto por el que voy a ir a Madrid salió un chiste que, por desgracia, volvió a joder la noche:

-T.O.C., T.O.C., ¿Quién es?
-No hace ni puta gracia

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